Histórica sobre las relaciones entre la Orden del Temple, los Estados cruzados y el Imperio mongol.
(1253-1303)
Hay episodios de la historia medieval en los que dos mundos aparentemente irreconciliables estuvieron a punto de encontrarse. En el siglo XIII, cuando los Estados cruzados de Oriente agonizaban bajo la presión de los sultanatos musulmanes, apareció desde las inmensas estepas de Asia una fuerza que parecía capaz de cambiar el destino de Oriente Próximo: el Imperio mongol.
Los mongoles habían destruido grandes centros del poder islámico, incluido Bagdad en 1258, y avanzaban hacia Siria. Para los cristianos de Tierra Santa surgió entonces una pregunta que parecía imposible apenas unas décadas antes:
¿Podían los cruzados y los mongoles combatir juntos contra los mamelucos de Egipto?
La respuesta histórica es más compleja que la leyenda. No existió una gran alianza secreta entre el Temple y los mongoles para destruir el Islam, ni los mongoles fueron un ejército cristiano. Sí existieron, sin embargo, contactos diplomáticos, cooperación militar, operaciones coordinadas y varios intentos serios de formar una alianza contra los mamelucos. La Orden del Temple participó en ese escenario y, en los últimos años de su existencia, llegó a preparar operaciones directamente relacionadas con la ofensiva mongola.
Esta es la historia de aquella extraordinaria relación.
A comienzos del siglo XIII, el Imperio mongol se había convertido en una de las mayores potencias militares conocidas.
Las conquistas iniciadas por Gengis Kan habían creado un imperio que se extendía desde China hasta las fronteras de Europa oriental.
En Occidente, los primeros contactos con los mongoles fueron contemplados con auténtico terror. Las noticias que llegaban hablaban de ciudades destruidas, ejércitos derrotados y una caballería extraordinariamente móvil.
Pero en Tierra Santa la percepción comenzó a cambiar.
Los cruzados tenían enemigos inmediatos y muy poderosos: primero los ayubíes y después, especialmente, los mamelucos de Egipto.
La expansión mongola creó una situación completamente nueva.
Los mongoles atacaban desde Oriente.
Los cruzados resistían en las costas del Mediterráneo.
Y Egipto se encontraba entre ambos.
Aquella configuración geopolítica hizo imaginable una alianza que habría sido extraordinaria para la época.
1253-1254: Hethum de Armenia viaja hasta los mongoles.
Uno de los primeros protagonistas de esta historia no fue un templario, sino el rey Hethum I del reino armenio de Cilicia.
Durante su viaje a Mongolia, en 1253-1254, Hethum estableció relaciones con el poder mongol y aceptó la supremacía del Gran Khan.
La alianza comenzaría a materializarse cuando el poder mongol se consolidó en Persia y Oriente Próximo bajo Hülegü, hermano del Gran Khan Möngke.
Los armenios de Cilicia se convirtieron en uno de los principales aliados cristianos de los mongoles.
La importancia de Armenia resulta fundamental para comprender posteriormente la relación con los templarios.
Los armenios estaban situados entre el mundo mongol y los Estados cruzados. Sus ejércitos podían colaborar con los mongoles y sus gobernantes mantenían relaciones con los cristianos latinos.
Los estudios modernos sobre la cooperación mongol-armenia confirman que Hethum y Hülegü participaron en una campaña conjunta durante la conquista mongola de Oriente Próximo entre 1258 y 1260.
Así comenzó a formarse un primer triángulo: Mongoles, Armenios y Cruzados.
1258: cae Bagdad
En 1258, Hülegü conquistó Bagdad.
La ciudad, capital del califato abasí, fue tomada por los mongoles y el califato quedó destruido.
Para los musulmanes fue una catástrofe política y simbólica.
Para algunos cristianos de Oriente, en cambio, la noticia podía parecer el comienzo de una nueva era.
El avance mongol continuó hacia Siria.
En 1259, las fuerzas de Hülegü entraron en territorio sirio.
Alepo cayó.
Después llegó el turno de Damasco.
El rey Hethum de Armenia y Bohemundo VI de Antioquía colaboraron con los mongoles, mientras que los principales barones del reino de Jerusalén adoptaron una posición mucho más prudente.
La situación era extremadamente delicada.
Los cristianos no sabían todavía si aquellos nuevos conquistadores procedentes de Asia serían aliados, enemigos o simplemente otra potencia que acabaría amenazando sus propios territorios.
En 1260 se produjo el episodio decisivo.
Hülegü tuvo que retirar parte de sus fuerzas hacia Persia debido a la crisis sucesoria provocada por la muerte del Gran Khan Möngke.
En Siria quedó una fuerza mongola considerable, pero inferior a la que había realizado la conquista inicial.
Los mamelucos de Egipto, dirigidos por el sultán Qutuz y el emir Baybars, aprovecharon la oportunidad.
El ejército mameluco avanzó hacia Palestina.
Los francos de Tierra Santa se encontraron ante una decisión extraordinaria.
Los mamelucos eran enemigos de los cruzados, pero los mongoles también eran una fuerza extranjera cuya verdadera intención no estaba clara.
Finalmente, los dirigentes del reino de Jerusalén permitieron que los mamelucos atravesaran sus territorios para enfrentarse a los mongoles y el 3 de septiembre de 1260, en Ayn Jalut, las fuerzas mamelucas derrotaron al ejército mongol.
La batalla tuvo una enorme importancia.
No porque allí fuese destruido todo el ejército mongol, no lo fue, sino porque demostró que los mongoles podían ser derrotados.
La victoria permitió a los mamelucos consolidar su poder en Siria y dejó a los Estados cruzados en una situación mucho más peligrosa.
La esperanza de una cooperación inmediata entre mongoles y francos había fracasado.
¿Dónde estaba el Temple en todo aquello?
La Orden se encontraba profundamente implicada en la defensa de los Estados cruzados.
El maestre Thomas Bérard era entonces una de las figuras principales de la política latina de Oriente.
Los templarios recibieron noticias de las conquistas mongolas y de la situación de Siria. En 1260, además, se produjo un episodio significativo en Sidón.
Las fuerzas mongolas atacaron la ciudad, aunque no consiguieron conquistar su castillo.
El señor de Sidón, Julian, terminó vendiendo la ciudad a los templarios poco después.
Este episodio demuestra que la presencia mongola no significaba automáticamente amistad con el Temple. La relación era mucho más pragmática: los templarios podían aprovechar una situación creada por los mongoles y, al mismo tiempo, temer sus incursiones.
Los estudios recientes que he dedicado específicamente a la relación entre los templarios, los hospitalarios y los mongoles subrayan precisamente esta complejidad: las órdenes militares no siempre compartían los mismos intereses que los Estados cruzados y su posición respecto a los mongoles fue cambiando según las circunstancias.
Tras Ayn Jalut apareció una figura que acabaría convirtiéndose en uno de los mayores enemigos de los templarios: Baybars.
El sultán mameluco comprendió perfectamente que los Estados cruzados constituían un peligro y que no podía permitir que se produjera una alianza estable entre ellos y los mongoles.
Comenzó entonces una política sistemática de destrucción de las posiciones cristianas.
En 1265 cayeron Cesarea, Haifa y Arsuf.
En 1266 se perdió buena parte de Galilea.
En 1268, Baybars conquistó Antioquía, uno de los grandes centros de la presencia cristiana en Oriente.
La presión sobre las órdenes militares aumentó.
Los templarios tenían que combatir a Baybars mientras vigilaban también la compleja situación creada por los mongoles.
La guerra ya no era simplemente cristianos contra musulmanes.
Era una gigantesca lucha geopolítica en la que intervenían:
Mamelucos, Iljanes mongoles, Armenios, Cruzados, Templarios, Hospitalarios y Estados europeos.
La cuestión mongola incluso llegó a afectar a la Península Ibérica.
En 1268, según el Llibre dels fets, el rey Jaime I de Aragón recibió embajadores mongoles.
El episodio es extraordinario porque muestra que el interés por una posible cooperación con los mongoles no era exclusivamente francés o inglés.
El mundo cristiano occidental comenzó a contemplar al soberano mongol de una manera diferente: ya no solamente como una amenaza, sino como un posible aliado contra los poderes musulmanes.
Esto demuestra que la idea de una cooperación mongol-cristiana no era una fantasía posterior.
Existió realmente como proyecto diplomático.
Lo que nunca llegó a existir fue la gran alianza permanente que posteriormente imaginaron algunas tradiciones.
En 1271, el príncipe Eduardo de Inglaterra, el futuro Eduardo I, llegó a Tierra Santa.
Su pequeña expedición no podía cambiar por sí sola el equilibrio militar.
Pero mantuvo contactos relacionados con el poder mongol.
La idea de combinar una ofensiva cruzada con una ofensiva mongola continuaba viva.
El problema era que los mongoles estaban demasiado lejos y los cruzados tenían demasiado pocos hombres.
La distancia era uno de los mayores enemigos de cualquier alianza.
Después de Hülegü, el poder mongol de Persia pasó a Abaqa Khan, que gobernó entre 1265 y 1282.
Abaqa continuó enfrentándose a los mamelucos.
Y aquí volvió a aparecer la posibilidad de una alianza con los cristianos.
Los mongoles necesitaban aliados occidentales.
Los cruzados necesitaban un ejército capaz de presionar Egipto desde Oriente.
Era una coincidencia estratégica casi perfecta.
Pero existía un problema fundamental:
Europa estaba demasiado lejos.
Una campaña militar requería dinero, barcos, tropas, suministros y coordinación.
La diplomacia avanzaba mucho más deprisa que los ejércitos.
En 1281, un gran ejército mongol dirigido por Möngke Temür, hermano de Abaqa, entró en Siria.
Se produjo la batalla de Homs, donde los mamelucos consiguieron nuevamente imponerse.
El fracaso volvió a demostrar que los mongoles necesitaban una coordinación mucho mayor si pretendían conquistar Siria de forma permanente.
Y los cruzados seguían esperando.
La llegada de Arghun Khan al poder en 1284 reactivó las esperanzas.
Arghun fue probablemente el gobernante mongol que llevó más lejos la diplomacia con Occidente.
Envió embajadas a:
el papa, el rey de Francia, el rey de Inglaterra, otros poderes europeos.
Una de las misiones más famosas fue la de Rabban Bar Sauma, enviado de Arghun.
Después apareció también Buscarello de Ghizolfi, diplomático genovés al servicio del Ilkhan.
Arghun llegó a plantear una operación coordinada contra los mamelucos.
Su propuesta era concreta: los mongoles atacarían Siria mientras los occidentales preparaban una nueva cruzada.
En una carta dirigida al rey de Francia, Arghun prometía presentarse ante Damasco con sus fuerzas en febrero de 1291.
Pero la historia iba a adelantarse a sus planes.
Las embajadas de Arghun están ampliamente documentadas y constituyen uno de los ejemplos más claros de la búsqueda de una alianza mongol-occidental contra los mamelucos.
El proyecto de Arghun llegó demasiado tarde.
En 1291, el sultán mameluco al-Ashraf Khalil lanzó la ofensiva definitiva contra Acre.
La ciudad resistió.
Los templarios combatieron en primera línea.
El maestre Guillaume de Beaujeu murió durante la defensa.
A finales de mayo, Acre cayó.
Con ella desapareció el último gran centro continental de los Estados cruzados.
La alianza mongol-occidental que Arghun había propuesto no pudo llegar a tiempo.
Y poco después, en 1291, Arghun murió.
Una de las mayores oportunidades diplomáticas de la Edad Media había fracasado.
Después de Acre, los templarios se trasladaron principalmente a Chipre.
Pero la pérdida de Tierra Santa no significó para ellos el abandono de la idea de regresar.
El nuevo maestre, Jacques de Molay, mantuvo una política favorable a la recuperación de los territorios perdidos.
Y entonces apareció un nuevo soberano mongol: Ghazan Khan.
Ghazan era el Ilkhan de Persia.
Aunque pertenecía al mundo mongol, había adoptado el islam; por tanto, la relación no podía reducirse a una supuesta guerra entre cristianos y musulmanes.
Pero políticamente, Ghazan seguía enfrentándose a los mamelucos.
Y esa enemistad abrió de nuevo la puerta a la cooperación con los cristianos.
En 1299, Ghazan lanzó una gran campaña contra Siria.
Los mongoles derrotaron a los mamelucos en la batalla de Wadi al-Khazandar, cerca de Homs, en diciembre de 1299.
Las fuerzas de Ghazan ocuparon Damasco.
Y junto a los mongoles participaron fuerzas armenias y contingentes cristianos vinculados a los Estados cruzados.
Los estudios modernos confirman que la campaña de 1299-1300 constituye uno de los momentos más importantes de cooperación militar mongol-cristiana.
En este momento los templarios vuelven a aparecer directamente.
Jacques de Molay se encontraba en Chipre y estaba dispuesto a aprovechar cualquier ofensiva mongola.
En 1300, las fuerzas de Chipre, templarios y hospitalarios prepararon una operación destinada a aprovechar la ofensiva de Ghazan.
Se utilizaron barcos y tropas para atacar posiciones musulmanas y establecer una cabeza de puente.
Uno de los puntos fundamentales fue Ruad, frente a la costa de Siria.
La isla se convertiría en el último puesto avanzado templario en Tierra Santa.
La documentación estudiada por especialistas señala expresamente que las fuerzas chipriotas, templarias y hospitalarias ocuparon primero Tortosa y después Ruad con la intención de enlazar con las fuerzas de Ghazan.
Este episodio ha sido posteriormente rodeado de leyendas.
Pero existe un núcleo histórico sólido.
Los templarios participaron en operaciones coordinadas con las fuerzas cristianas mientras se esperaba la llegada del ejército de Ghazan.
Se proyectaba una gran ofensiva: Mongoles desde el interior de Siria.
Cristianos desde Chipre y la costa.
Templarios y hospitalarios desde sus posiciones avanzadas.
El objetivo último era golpear el poder mameluco.
Pero ocurrió lo que tantas veces había ocurrido anteriormente.
Los mongoles no llegaron a tiempo.
El invierno y los problemas logísticos obligaron a Ghazan a modificar sus planes.
Los cristianos quedaron prácticamente solos.
Los templarios mantuvieron Ruad.
Desde aquella pequeña isla podían realizar incursiones contra la costa.
Era una posición militar extraordinariamente incómoda para los mamelucos.
El historiador Peter Jackson recoge testimonios musulmanes según los cuales los templarios establecidos en la isla constituían una fuente de graves problemas para las poblaciones costeras y realizaban incursiones contra las rutas próximas.
El proyecto de una nueva ofensiva mongol-cristiana todavía no había desaparecido.
Pero cada año que pasaba la situación se hacía más difícil.
Ghazan volvió a una nueva ofensiva.
El 26 de septiembre de 1302 los mamelucos conquistaron la isla de Ruad, con la perdida del último gran puesto templario en Tierra Santa, mientras los Mongoles sufren una gran derrota cerca de Damasco, perdiendo la posibilidad de una gran alianza.
FR ✠ ✠ José Manuel Sánchez.
-Preceptor Nacional.
-Maestro de Ceremonias del Priorato de Andalucía.
-Canciller de caridad delegación de Andalucía ONG Templarios del Mundo .
-Canciller de la Encomienda de Sevilla.
✠ ✠ 𝔑𝔬𝔫 𝔫𝔬𝔟𝔦𝔰 𝔇𝔬𝔪𝔦𝔫𝔢 𝔫𝔬𝔫 𝔫𝔬𝔟𝔦𝔰, 𝔰𝔢𝔡 𝔑 𝔬𝔪𝔦𝔫𝔦 𝔗𝔲𝔬 𝔡𝔞 𝔤𝔩𝔬𝔯𝔦𝔞𝔪 ✠ ✠
