Sobre un impresionante promontorio junto al Ebro se alzaba el castillo de Miravet, una de las grandes fortalezas del Temple en la Corona de Aragón. Tras la conquista cristiana de 1153, Ramón Berenguer IV entregó la fortaleza a Pere de Rovira, maestro del Temple en Hispania y Provenza. Los templarios la transformaron en un poderoso castillo-convento y Miravet llegó a convertirse en centro administrativo de la provincia templaria de Cataluña y Aragón.
Sus enormes murallas, que alcanzan unos 25 metros de altura, dominaban el Ebro y convertían la fortaleza en un lugar extraordinariamente difícil de conquistar.
Pero entre sus muros nació una de esas historias que el tiempo convirtió en leyenda.
Cuenta la tradición que los templarios conocían un pasadizo oculto que comunicaba el castillo con el exterior.
No era un camino para huir.
Era una vía secreta.
Por él, según la leyenda, podían salir pequeños grupos durante la noche para buscar agua, introducir alimentos, enviar mensajes o conocer los movimientos de quienes vigilaban la fortaleza.
El Ebro discurría a sus pies.
Y mientras los soldados enemigos observaban las puertas y murallas, los templarios conocían caminos que solo ellos sabían utilizar.
Pero aquí debemos hacer una advertencia importante:
no existe evidencia arqueológica concluyente de un gran túnel secreto templario utilizado durante el asedio de 1307-1308.
Lo que sí sabemos es que el castillo poseía estructuras hidráulicas y accesos complejos. La fortaleza conserva, entre otras dependencias, una cisterna de época andalusí situada junto al pasadizo de acceso, que permaneció en uso posteriormente.
Y precisamente esa realidad pudo alimentar la imaginación popular.
En 1307, mientras Felipe IV de Francia ordenaba la detención de los templarios en sus dominios, Jaime II de Aragón actuó contra las fortalezas templarias de la Corona de Aragón.
Los hermanos de Miravet decidieron resistir.
Bajo el mando de fray Ramon de Saguàrdia, los templarios soportaron un largo asedio. La documentación de la Generalitat de Cataluña señala que la resistencia se prolongó durante diez meses, mientras la falta de agua y alimentos y las deserciones debilitaban progresivamente a los defensores.
La tradición, sin embargo, cuenta que durante aquellos meses el misterioso pasadizo adquirió una importancia extraordinaria.
Cuando los sitiadores creían tener completamente encerrada la fortaleza…
los templarios desaparecían.
Una noche podían encontrarse dentro de las murallas.
Y otra, según la leyenda, podían surgir inesperadamente junto al río.
Una de las versiones más populares de la historia habla de un joven hermano encargado de llevar un mensaje.
La fortaleza estaba prácticamente sin alimentos.
Los hombres permanecían agotados.
Los sitiadores controlaban los caminos.
Pero el Temple necesitaba conocer qué estaba ocurriendo fuera.
Aquella noche, cuando las campanas dejaron de sonar y solamente se escuchaba el Ebro golpeando las rocas, dos templarios descendieron silenciosamente por una antigua galería.
Uno llevaba una espada.
El otro, un pequeño pergamino sellado.
Caminaron durante horas por la oscuridad.
Cuando regresaron, traían una noticia terrible: nadie acudiría en auxilio de Miravet.
La fortaleza estaba sola.
Los días siguientes fueron aún más duros.
Sin alimentos suficientes y con la esperanza perdida, los defensores tuvieron que negociar.
Finalmente, el 12 de diciembre de 1308, los templarios que permanecían en Miravet se rindieron a los oficiales reales. La documentación oficial habla de 22 hombres entregados, mientras otros seis se negaron inicialmente a hacerlo voluntariamente y permanecieron en la fortaleza hasta ser apresados posteriormente.
La tradición posterior envolvió estos acontecimientos en misterio.
Se comenzó a hablar de la llamada Torre de la Sangre y de secretos que los templarios habrían escondido antes de la rendición.
Y también del supuesto túnel.
Aquí termina la historia documentada y comienza la leyenda.
No podemos afirmar que existiera un túnel secreto templario de escape desde Miravet.
Lo que sí está demostrado es la existencia de estructuras de acceso, espacios subterráneos y una cisterna medieval; además, la fortaleza fue diseñada con una arquitectura defensiva extraordinariamente compleja.
Por tanto, es posible que determinadas estructuras reales hayan dado origen, con el paso de los siglos, a la historia del pasadizo secreto.
Pero jamás debemos convertir esa tradición en un hecho histórico demostrado.
Dicen que, después de la rendición, uno de los últimos templarios volvió la cabeza mientras abandonaba Miravet.
Miró sus murallas.
Miró el Ebro.
Y pensó en todos los hermanos que habían vivido y muerto allí.
Según la leyenda, antes de marcharse pronunció unas palabras:
“Podrán tomar nuestras piedras, pero nunca conocerán todos nuestros caminos.»
Quizá el túnel nunca existió.
Quizá existió y desapareció con los siglos.
Quizá solamente fue una forma que encontró la memoria popular para explicar cómo aquellos hombres pudieron resistir tanto tiempo.
Pero todavía hoy, cuando el viento atraviesa las viejas piedras de Miravet y el Ebro golpea las rocas bajo la fortaleza, queda una pregunta suspendida en el aire:
¿Cuántos secretos del Temple permanecen todavía ocultos bajo sus muros?
Porque algunas fortalezas guardan tesoros.
Y otras guardan historias.
FR ✠ ✠ José Manuel Sánchez.
-Preceptor Nacional.
-Maestro de Ceremonias del Priorato de Andalucía.
-Canciller de caridad delegación de Andalucía ONG Templarios del Mundo .
-Canciller de la Encomienda de Sevilla.
✠ ✠ 𝔑𝔬𝔫 𝔫𝔬𝔟𝔦𝔰 𝔇𝔬𝔪𝔦𝔫𝔢 𝔫𝔬𝔫 𝔫𝔬𝔟𝔦𝔰, 𝔰𝔢𝔡 𝔑 𝔬𝔪𝔦𝔫𝔦 𝔗𝔲𝔬 𝔡𝔞 𝔤𝔩𝔬𝔯𝔦𝔞𝔪 ✠ ✠
