El Gran Maestre que cayó ante las murallas de Ascalón, Tierra Santa, año del Señor de 1153 tal día como hoy.

La cruzada continuaba lejos de haber terminado. Jerusalén permanecía en manos cristianas, pero el reino estaba rodeado de enemigos y, al sur, Ascalón constituía una de las mayores amenazas.

En aquellos días, al frente de la Milicia del Temple se encontraba Bernard de Trémelay, cuarto Gran Maestre de la Orden. Había sucedido a Evrard des Barrès y ejerció el magisterio aproximadamente desde 1151 hasta 1153. Su nombre aparece también como Tremelay, Tramelay o Dramelay. Su origen se sitúa en Borgoña y anteriormente había desempeñado funciones de mando dentro de la Orden.

Uno de los cometidos importantes de Trémelay fue la consolidación de Gaza, posición estratégica situada frente al territorio controlado por los fatimíes de Egipto. Desde allí, los templarios podían vigilar y contener las incursiones procedentes de Ascalón.

Pero mientras Gaza se convertía en una pieza de la defensa templaria, el verdadero objetivo de Balduino III, rey de Jerusalén, era mucho mayor: conquistar Ascalón.
La ciudad era una formidable fortaleza costera y constituía el último gran bastión fatimí en Palestina. Su caída permitiría al Reino de Jerusalén asegurar considerablemente su frontera meridional.

En 1153, Balduino III reunió su ejército y puso sitio a Ascalón.
El asedio se prolongó durante meses. Las fuentes medievales describen una ciudad extraordinariamente fortificada, con numerosas torres y unas defensas que parecían hacerla casi inexpugnable.

Los templarios participaron en primera línea.
La Orden empleó una gran torre de asedio, destinada a aproximarse a las murallas y permitir que los atacantes alcanzaran las defensas. Pero los defensores consiguieron incendiar parte de la estructura.

Paradójicamente, el fuego provocó un acontecimiento decisivo.
El viento llevó las llamas contra las propias murallas, debilitándolas. Finalmente, una parte de las defensas cedió y se abrió una brecha.
Y entonces comenzó la tragedia.

Según los relatos medievales conservados, Bernard de Trémelay penetró en la ciudad al frente de un grupo de templarios.
Una fuente cercana a los acontecimientos describe al jefe de los templarios entrando con sus hombres por la brecha y estableciendo una posición dentro de la ciudad. Sin embargo, el reducido grupo quedó aislado en las estrechas calles de Ascalón.

Los defensores se reorganizaron y atacaron desde todos los lados.
Trémelay y todos los hombres que habían penetrado con él fueron muertos.

Las fuentes posteriores hablan de aproximadamente cuarenta templarios junto al Gran Maestre, aunque esa cifra debe manejarse con cierta prudencia.
Los cuerpos fueron expuestos sobre las murallas y sus cabezas fueron cortadas, en un terrible gesto destinado a intimidar al ejército cristiano.

Aquí aparece uno de los episodios más controvertidos de la vida de Bernard de Trémelay.
Guillermo de Tiro transmitió una versión según la cual el Gran Maestre habría penetrado en la ciudad sin esperar al grueso del ejército porque deseaba que los templarios fueran los primeros en hacerse con el botín.
Sin embargo, esta acusación no puede considerarse un hecho demostrado.

Una fuente medieval cercana al acontecimiento, el Auctarium Aquicinense, simplemente presenta al jefe templario entrando con sus hombres, quedando rodeado y muriendo con ellos. No menciona la supuesta codicia como causa de su decisión.

Por ello, históricamente es más prudente hablar de una interpretación controvertida que de una certeza.
Lo que sí sabemos es que Trémelay murió combatiendo.

La fecha tradicionalmente aceptada para su muerte es el 16 de agosto de 1153, aunque algunas reconstrucciones sitúan el combate decisivo unos días antes. Esta diferencia procede de la dificultad de armonizar las distintas fuentes medievales.

Bernard de Trémelay cayó dentro de Ascalón junto a sus templarios.
Pero su muerte no significó el fracaso del asedio.
El ejército de Balduino III continuó atacando.
Los templarios supervivientes permanecieron en combate junto al ejército cristiano y, pocos días después, el 19 de agosto de 1153, Ascalón capituló ante Balduino III.

La ciudad que durante meses había resistido a los cruzados finalmente pasó a manos del Reino de Jerusalén.

André de Montbard recoge el estandarte
Tras la muerte de Trémelay, la Orden necesitaba inmediatamente un nuevo Gran Maestre.
El elegido fue André de Montbard, uno de los primeros compañeros de la Orden y, además, tío de Bernardo de Claraval.

Así terminó el breve magisterio de Bernard de Trémelay.
Había gobernado el Temple durante apenas un par de años, pero dejó una huella profunda: murió en campaña, al frente de sus hermanos, durante una de las grandes operaciones militares del Reino de Jerusalén.

Bernard de Trémelay no fue uno de los Grandes Maestres que murieron tranquilamente en una encomienda europea.
Murió con la espada en la mano, dentro de una ciudad enemiga, durante el asalto que terminaría dando Ascalón a los cristianos.
Su historia también nos recuerda algo fundamental: las crónicas medievales no siempre son neutrales. La acusación de Guillermo de Tiro contra el Gran Maestre debe ser confrontada con otras fuentes, especialmente con testimonios próximos a los acontecimientos.

Lo indiscutible es que Bernard de Trémelay y los templarios que lo acompañaron pagaron con su vida la entrada en Ascalón.
Y cinco días después, según la cronología tradicional, las murallas de aquella poderosa fortaleza fueron finalmente conquistadas.
Bernard de Trémelay cayó, el Temple perdió a su cuarto Gran Maestre, pero Ascalón cayó también.

Y sobre sus murallas, en aquel agosto de 1153, la cruz volvió a ondear sobre una de las fortalezas más importantes de Tierra Santa.

FR ✠ ✠ José Manuel Sánchez.
-Preceptor Nacional.
-Maestro de Ceremonias del Priorato de Andalucía.
-Canciller de caridad delegación de Andalucía ONG Templarios del Mundo .
-Canciller de la Encomienda de Sevilla.

✠ ✠ 𝔑𝔬𝔫 𝔫𝔬𝔟𝔦𝔰 𝔇𝔬𝔪𝔦𝔫𝔢 𝔫𝔬𝔫 𝔫𝔬𝔟𝔦𝔰, 𝔰𝔢𝔡 𝔑 𝔬𝔪𝔦𝔫𝔦 𝔗𝔲𝔬 𝔡𝔞 𝔤𝔩𝔬𝔯𝔦𝔞𝔪 ✠ ✠